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Selva amazónica: Una anaconda gigante de 7,5 metros avistada durante un rodaje con Will Smith deja asombrados a los científicos.

Serpiente grande en la arena siendo medida con cinta métrica; dos personas filman en el fondo, cerca de un río y vegetación.

Lo que empezó como una misión estándar de fauna para una serie de National Geographic con Will Smith cambió rápidamente hacia un raro punto de inflexión científico, obligando a los investigadores a replantearse lo que creían saber sobre uno de los depredadores más temidos del Amazonas.

Un encuentro gigantesco detrás de las cámaras

El equipo de la serie documental Pole to Pole with Will Smith acompañó al biólogo Bryan Fry y a su equipo de la Universidad de Queensland a través de un tramo remoto de humedales amazónicos. Su objetivo parecía sencillo sobre el papel: evaluar cómo décadas de extracción petrolera han remodelado uno de los ecosistemas más ricos del planeta.

Mientras trabajaban junto al pueblo indígena waorani en Ecuador, los guías señalaron de repente movimiento en un canal estrecho, de aguas color té. Lo que emergió no era una anaconda verde cualquiera. La serpiente medía alrededor de 7,5 metros de la cabeza a la cola, era más gruesa que el muslo de una persona y lo bastante pesada como para que varias personas tuvieran dificultades para sujetarla con seguridad y tomar medidas y muestras.

Este ejemplar de 7,5 metros figura entre las anacondas más grandes jamás registradas, llevando al límite superior lo que los científicos creían posible para la especie.

La serpiente fue liberada viva tras una rápida revisión médica y la toma de muestras genéticas, pero su impacto en la investigación permaneció. No solo era enorme; además pertenecía a una población que la ciencia había clasificado erróneamente, en silencio, durante décadas.

Dos anacondas verdes, no una

Durante años, los biólogos hablaron de una única “anaconda verde” que se extendía desde Brasil hasta las estribaciones andinas. El equipo de Fry sospechaba que esa historia era demasiado simple. Diferencias sutiles en tamaño, distribución y comportamiento sugerían que había algo más bajo las escamas.

Usando muestras genéticas de serpientes de Brasil y Ecuador, incluida la gigante vista durante el rodaje, los investigadores descubrieron una separación clara: las anacondas verdes amazónicas son, en realidad, dos especies distintas.

  • Una especie brasileña con un rango relativamente restringido
  • Una especie ecuatoriana, mayor de media y más extendida por el Amazonas occidental

Ambas serpientes parecen casi idénticas para el ojo no entrenado: piel oliva, manchas ovaladas oscuras y un cuerpo enorme y musculoso adaptado a la vida en aguas lentas. El comportamiento en el campo también se solapa en gran medida. Sin embargo, su ADN cuenta otra historia, con diferencias lo suficientemente grandes como para que los científicos las separen formalmente.

La especie brasileña queda ahora encuadrada en una categoría de mayor riesgo, ya que un territorio más pequeño la deja más expuesta a la degradación del hábitat y a la contaminación que a su prima ecuatoriana.

Macho y hembra: dos cuerpos muy distintos, dos dietas muy distintas

El tamaño en las anacondas no escala por igual entre machos y hembras. La serpiente de 7,5 metros era excepcional, pero incluso en condiciones normales, los sexos siguen trayectorias de crecimiento diferentes.

Las hembras suelen alcanzar alrededor de 5 metros, mientras que los machos más grandes pueden ser notablemente más pesados y largos. Esta brecha física condiciona lo que comen, dónde cazan y cómo responden a la presión ambiental.

Sexo Longitud típica Presa preferida Factor de riesgo clave
Macho A menudo más largo y corpulento que las hembras Aves zancudas y otra fauna acuática Alta acumulación de metales pesados
Hembra Alrededor de 5 metros de media Herbívoros y animales de pastoreo Reducción del hábitat y de la disponibilidad de presas

Como los machos cazan más aves que se alimentan en humedales contaminados, acaban acumulando más contaminantes. Las hembras, que se centran en mamíferos de pastoreo en zonas más altas de las riberas, afrontan otro tipo de presiones: llanuras de inundación en retroceso y descenso de las presas grandes.

Petróleo, metales pesados y la amenaza invisible dentro de una serpiente gigante

El proyecto de Fry no empezó con el foco puesto en serpientes de récord. Su equipo quería saber cómo los vertidos de petróleo y la infraestructura de perforación se abren paso silenciosamente por un ecosistema que, visto desde arriba, aún parece frondoso.

Para ello, analizaron tejidos de decenas de anacondas en busca de metales pesados como el plomo y el cadmio, subproductos conocidos de la actividad industrial. Los resultados les sorprendieron.

De media, los machos de anaconda llevaban alrededor de diez veces más plomo y cadmio en el cuerpo que las hembras de la misma región.

Esta diferencia está directamente ligada a la dieta. Las aves zancudas que hurgan en el barro y los bajíos contaminados acumulan contaminantes en su organismo. Cuando un macho de anaconda se traga una de estas aves, los metales ascienden por la cadena trófica y se fijan en sus órganos.

Niveles altos de estas sustancias pueden alterar hormonas, dañar órganos y reducir la fertilidad. Fry y sus colegas observaron indicios tempranos de que la contaminación por hidrocarburos, asociada a las operaciones petroleras, podría ya estar reduciendo la fertilidad de los machos de anaconda en las zonas afectadas.

Por qué los depredadores ápice son potentes sistemas de alerta

Las anacondas se sitúan cerca de la cima de la red trófica amazónica. Muy pocos animales las cazan, especialmente cuando superan varios metros de longitud. Esa posición elevada tiene una consecuencia: todo lo que se filtra en los niveles inferiores del ecosistema acaba, con el tiempo, concentrándose en sus cuerpos.

Cuando un depredador superior muestra contaminación extrema, indica que peces pequeños, anfibios, cangrejos de río y aves ya cargan con niveles peligrosos de contaminantes. Para las comunidades locales que dependen de los ríos como fuente de alimento, esa señal tiene implicaciones reales para la salud.

Lo que una serpiente de 7,5 metros nos dice sobre el futuro del Amazonas

La aparición de una anaconda tan enorme durante un rodaje de alto perfil con Will Smith atrajo la atención global, en gran parte por el tamaño del animal y el tirón mediático de la celebridad. Detrás de los titulares hay una historia más silenciosa sobre cómo cambia el bosque bajo una presión industrial constante.

El hecho de que los investigadores sigan descubriendo nuevas especies grandes, o separen otras conocidas en linajes distintos, demuestra lo incompleto que sigue siendo el conocimiento actual del Amazonas. Al mismo tiempo, los linajes más amenazados podrían desaparecer antes de que los científicos los comprendan del todo.

La especie brasileña de anaconda, recién reconocida y con una distribución más estrecha, sufre un doble impacto por la pérdida de hábitat y la contaminación. La deforestación seca los arroyos. Los oleoductos y las carreteras de acceso fragmentan las llanuras de inundación. Los vertidos liberan petróleo en remansos donde las serpientes cazan y se reproducen. Cada factor va mermando una población que ya se reproduce lentamente.

Cómo encajan las comunidades locales en el panorama

La colaboración con el pueblo waorani ilustra una tendencia que hoy marca muchos estudios amazónicos. Los grupos indígenas poseen un conocimiento detallado de los niveles estacionales del agua, los movimientos de los animales y los lugares donde la fauna aún prospera. Sin sus habilidades de navegación y sus observaciones, es probable que los científicos pasaran por alto animales como la anaconda de 7,5 metros, escondida en lagunas en herradura de difícil acceso.

Para estas comunidades, la salud de los ríos y de las serpientes gigantes no es un concepto abstracto. Los cambios en peces, caimanes y grandes serpientes suelen llegar acompañados de menores rendimientos agrícolas, ganado enfermo y un aumento de casos de enfermedades relacionadas con la contaminación.

Por qué esto importa más allá de un clip viral de fauna

Una serpiente de tamaño récord en un documental liderado por una estrella ofrece una imagen televisiva impactante. Para los biólogos de la conservación, es un recordatorio vivo de que los grandes depredadores aún pueden sobrevivir donde las condiciones se mantienen adecuadas: humedales amplios e intactos, presas abundantes y una perturbación humana relativamente baja.

Al mismo tiempo, las mediciones de metales pesados en machos de anaconda muestran lo rápido que ese equilibrio puede inclinarse. Si se elimina suficiente hábitat limpio y presas libres de contaminantes, estos gigantes disminuyen en número y tamaño. Con el paso de las décadas, ese cambio podría reconfigurar redes tróficas acuáticas enteras.

Para quienes sienten curiosidad por la ciencia, las anacondas funcionan casi como registradores biológicos de datos. Sus tejidos guardan un archivo de años de dieta, calidad del agua y estado del hábitat. Una sola muestra de sangre o de escamas ofrece pistas sobre fugas de petróleo, actividad minera y escorrentía agrícola en una región amplia.

Este enfoque también ha empezado a extenderse a otros depredadores ápice. Los cocodrilianos, los grandes siluros y los delfines de río sirven cada vez más como barómetros de la salud fluvial. Combinar sus datos con imágenes satelitales y testimonios locales ofrece a los investigadores un mapa más preciso de dónde los ecosistemas amazónicos aún funcionan y dónde el daño ya es profundo.

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